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N° 11 invierno 2012
 
 
 
 
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REFLEXIÓN, PENSAMIENTO Y PRODUCCIÓN
Entrevista a Melina Berkenwald
Lucas Beccar
Fotos: Jorge Miño
 
 
 
 

Melina Berkenwald es artista, curadora, gestora cultural y directora del Proyecto URRA. En esta conversación, nos cuenta acerca de su trayectoria y de los nuevos contextos relacionales de producción artística en residencias.

 

 
 
 
 

LB - ¿Cómo comienza tu relación con el arte?

MB – La relación con el arte la podría rastrear desde que nací pues está presente en familia. Mi madre es ceramista y alfarera y tuvo una pequeña fábrica de objetos de cerámica. Mi padre era arquitecto, y aunque murió cuando yo era muy chica tengo un recuerdo importante de él y de la arquitectura. Mi padre actual, que me acompaña desde mi niñez, es médico psicoanalista y en su tiempo libre diseña y construye relojes. Mi hermana es diseñadora industrial. Todo ese ámbito que mezcla lo artístico, lo arquitectónico, lo intelectual y lo industrial está presente en mis trabajos y en mi pensamiento. Desde chica fuí a talleres de arte, hice cursos de moda, fotografía y temas relacionados. Luego, mi experiencia en Londres como argentina también fue fundamental en el tipo de abordaje conceptual y procesual que utilizo hoy en mis trabajos. Volviendo al inicio, a pesar de esta marcada presencia relacionada al arte que existe en mi contexto familiar, en aquel entonces yo no pensaba el arte como una opción de estudio o profesión. Pero, da la casualidad que cuando estaba terminando la secundaria me encuentro con el amigo de un amigo que me cuenta que estudiaba arte, y yo me entusiasmé instantáneamente con la idea. Al poco tiempo visité la escuela de arte y ese mismo día me inscribí en el turno noche. Entonces mi formación artística comienza cuando ingreso a la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en 1990, en donde terminé la especialización en pintura. A la par hice el CBC en la UBA para Ciencias de la Comunicación y luego me cambié a la carrera de Artes para cursar algunas materias de Historia del Arte y tener más teoría crítica.

LB - ¿Cómo continuaste una vez concluida la Pueyrredón?

MB – Cuando terminé la carrera empecé a pensar en irme un tiempo del país para hacer un posgrado. Comencé a investigar y apareció Londres como una opción interesante y posible. Era una ciudad que ya conocía, la escena artística y académica era muy buena y a la vez siempre me gustó el idioma inglés. Comencé a averiguar y me sugirieron varios Colleges, entre ellos el Chelsea College of Art and Design que es donde realicé un Master en Arte con especialización en Pintura entre el ´96 y el ´97. En ese momento pintaba muchísimo, aunque es durante ese Master que retomo el uso de la fotografía y comienzo a interesarme por otros medios y técnicas que no había usado anteriormente. Al año siguiente de concluir la maestría me presenté a la beca Quintin Hogg Scholarship que me otorgaron para realizar un Doctorado en la Universidad de Westminster de Londres, y que realicé entre el ´99 y el 2002.

LB - ¿Qué aspectos desarrollaste en el doctorado?

MB – Empecé a investigar la relación entre la pintura y la tecnología digital. Como te decía, en esa época pintaba mucho y necesité hacer un abordaje reflexivo sobre el tema. Por un lado, fue un momento en mi producción artística en el que volví a utilizar medios que había dejado de usar debido a esa fuerte tradición en pintura en la que me había formado, y a su vez comencé a incursionar en otros medios y formas de trabajo que no conocía. Fue un momento de mucho cambio en mi obra, y necesité reflexionar acerca del estatuto de la pintura desde un lugar crítico que abordara los cambios tecnológicos, algo que a su vez era de gran interés en el ámbito académico y de investigación. Mi doctorado fue un estudio de producción de la pintura en ése momento de gran inserción de las tecnologías digitales y de internet. El título es Pantalla y marco en pintura en la era digital, o sea que lo que investigué fue la idea del soporte de la obra utilizando el concepto de pantalla (screen) comparando distintas superficies como la tela, el papel o la pantalla de la computadora entre otras, y el concepto del marco (frame) pensando en los aspectos materiales, conceptuales y espaciales de ese segundo objeto de estudio. Eso es una síntesis de un extenso trabajo teórico en el que no involucré mi propia producción artística directamente, sino que hice un trabajo de campo con entrevistas a otros artistas y personas del medio. En ese tiempo estaba muy presente el debate acerca de cómo se debía enfocar un doctorado en el ámbito de las artes. Empezaban a aparecer los doctorados teórico-prácticos o prácticos en donde el artista trabaja sobre la investigación de su propia obra. Participé en esos debates, y aunque valido ambos formatos, preferí hacer una investigación completamente teórica. Siempre me interesó la investigación y la escritura, y el doctorado fue una oportunidad única para trabajar de lleno en esas áreas.

LB - ¿Realizabas otras actividades a la par del doctorado?

MB – Mientras trabajaba en el doctorado seguía produciendo mi obra artística y empecé a involucrarme con proyectos liderados por artistas que allí se llaman artist-led initiatives. Trabajé en una galería al sureste de Londres, llamada Cafe Gallery Project, creada y gestionada íntegramente por artistas. La galería comenzó siendo el café del parque y que luego con ayuda financiera estatal de la Lotería Nacional se transformó en un espacio de grandes paredes blancas, varias salas, excelente iluminación, facilidades para discapacitados, una programación permanente, y todo lo que tiene una galería profesional pero gestionada por artistas y sin fines netamente comerciales. A su vez, en el 2002 formé parte de un espacio muy distinto que se llamaba Area 10, conformado por unos treinta artistas. El lema del espacio era communicate, collaborate, create (comunicar, colaborar y crear) y se corresponde con las funciones que cumple el área 10 del cerebro humano, de ahí el nombre. Teníamos un espacio enorme para trabajar en una vieja maderera que se había mudado a otro predio donde la municipalidad quería construir un centro de performance. Mientras se armaba ése proyecto (creo que aún no se concretó) la municipalidad nos prestaba el sitio para trabajar y obviamente mantener el lugar activo y cuidado. La consigna de nuestro grupo, al menos al principio, era solamente hacer obras site-specific. El sitio constaba de dos galpones inmensos y estaba lleno de estructuras y materiales de la vieja maderera, era increíble. A su vez, trabajábamos con la comunidad local abriendo el espacio para exhibiciones, eventos y actividades. Teníamos reuniones semanales para negociar la forma en la que se gestionaba el espacio y se llevaban adelante diferentes proyectos, cómo se integraban nuevos miembros, y así. Fue un momento muy interesante en el que comencé a trabajar con instalaciones, obras site-specific y proyectos de obra en colaboración con otros artistas. Para mí era un mundo nuevo de trabajo y de posibilidades. Fue genial. Como un curso acelerado de formas de trabajo, materiales y relaciones humanas. Esos proyectos fueron sumamente importantes para aprender sobre gestión, producción de proyectos y para mi obra como artista. Durante el doctorado también daba clases, escribía artículos sobre lo que estaba investigando y participaba de algunas conferencias en Europa. Aunque estaba buscando trabajo permanente en el ámbito académico y a su vez ya estaba pensando en regresar a la Argentina, en el 2003 me invitan a realizar una exhibición individual y luego a participar de una residencia de arte en Escocia, lo cual también fue clave en mi trabajo artístico y en mi futuro en la gestión de residencias de arte.

LB - ¿Ésta fue tu primera experiencia en residencias?

MB – Sí como artista participante. Aunque en el 2002 había visitado un estudio abierto de una residencia en las afueras de Londres que se llama Braziers y me había resultado muy revelador; fue uno de esos momentos que hoy mismo recuerdo de forma muy vivencial. En septiembre del 2003, cuando estaba concluyendo la tesis doctoral, me invitaron a hacer una residencia de dos semanas en una isla que se llama North Uist, parte de las islas Hébridas en el norte de Escocia, gestionada por Triangle Arts Trust. Éramos un grupo de unos dieciocho artistas del mundo entre los que había seis escoceses. Vivíamos juntos en una casa increíble en una isla llena de ríos donde no había casi nada alrededor. Allí hice dos proyectos que siguen siendo claves en mi producción artística. En diciembre me invitaron a otra residencia muy similar en Bangalore, India. Pude así experimentar el mismo formato en dos países y situaciones muy distintas. En India fue muy importante la conexión con la trama urbana de Bangalore y con el grupo de artistas, en cambio en Escocia fue muy significativa la interrelación tan cercana con los participantes del grupo dentro de una casa a modo de gran familia temporaria.

LB - ¿Encontrás alguna relación entre tu experiencia en las residencias y tu doctorado?

MB – Sí. Hay dos puntos bastante relacionados. Uno es el tema de que mi doctorado fue una investigación basada en la manera en la que el artista reflexiona, piensa y produce su trabajo. Las residencias son espacios que favorecen lo mismo: la reflexión, el pensamiento y la producción de obra. Por supuesto mi investigación doctoral aborda temas sobre difusión y exhibición, y en las residencias de arte también se favorecen aspectos de promoción y difusión del artista y su trabajo, pero el eje en mi doctorado y en las residencias que organizo es la producción, el hacer, en inglés sería el hands on. Este aspecto lo relacioné hace poco tiempo; es increíble como las cosas que uno hace se enlazan y se alinean sin que uno siempre se dé cuenta en forma consciente. Por otro lado, como me dijo una vez un coleccionista amigo, concretar un doctorado implica una construcción de al menos cuatro años de trabajo, lo cual seguramente me ayudó o entrenó en el esfuerzo sostenido que implica pensar y producir las residencias de arte u otros proyectos de gestión, que son muy arduos y toman mucho tiempo de producción. Para un proyecto de un mes, trabajo no menos de un año entero.

LB - ¿Qué proyectos iniciaste al volver a Argentina?

MB – Cuando regreso al país, en septiembre del 2004, vengo ya con la idea de organizar una residencia de arte de formato similar a la de Escocia e India, asesorada por directivos de Gasworks y de Triangle Arts Trust a quienes conocía y que me habían invitado a la residencia de Escocia. Lo primero fue armar un grupo de gestión con artistas locales, encontrar un lugar, gestionar el financiamiento y consolidar un programa basado en la experiencia de las residencias de dos semanas en las que había participado, pero adaptado al ámbito local. Surgió así RIAA (la Residencia Internacional de Artistas en Argentina) co-fundado y co-producido junto a otros tres artistas locales de diferentes generaciones y con distintos enfoques y experiencias, que es lo que a su vez sucedía en el proyecto que juntaba artistas de distintas edades y países. RIAA fue un proyecto independiente de gestión que constó de cuatro ediciones anuales, del 2006 al 2009, con grupos conformados por artistas locales e internacionales que compartían dos semanas de trabajo en el Viejo Hotel Ostende en Pinamar. Luego de la edición del 2009 el grupo se separa, y es cuando decido armar un nuevo proyecto dedicado a la producción de residencias de arte. Así nació URRA, en junio del 2010, con el objetivo de ser una plataforma desde donde armar distintos proyectos de residencias y apoyo a la producción y al diálogo entre artistas, espacios y actores del medio local e internacional.

LB - ¿Cómo surge el nombre URRA?

MB – Surgió por ser una palabra potente y con un espíritu alegre; como la conocida expresión “¡hurra!” pero sin la letra H pues no quería que el nombre fuera una sigla sino una nueva entidad en sí misma con un nuevo nombre. Muchas residencias de arte tienen un rasgo común de espíritu de grupo y relacionado a cierta frescura pues se intenta que el artista trabaje en un contexto de activación nuevo y sin presiones cotidianas, un espacio distendido y amplio. Siento que URRA como nombre tiene algo de ese espíritu.

LB - ¿Cuántas ediciones de residencias ha realizado URRA a la fecha?

MB – Por ahora realizamos tres. En junio de 2010 se lanzó el primer formato de residencia de URRA, que es la Residencia de Arte en Buenos Aires con la que lancé el proyecto. La residencia propone un mes de trabajo en la ciudad para aproximadamente veinte artistas internacionales de los cuales un cuarto son argentinos y los restantes vienen de países del exterior. El proyecto tiene una instancia de exhibición formal que se realizó en la galería Del Infinito, un ciclo de presentaciones audiovisuales en las que cada artista presenta su trabajo en un auditorio (se realizó en el CCEBA y en el auditorio de la Embajada de Chile), y concluye con la realización de un estudio abierto en un sitio de talleres que los artistas trabajan durante el mes, y que ha sido un piso del espacio de talleres de Boulogne Sur Mer en el barrio de Once. En mayo de 2011, se realizó la segunda edición de la Residencia de Arte en Buenos Aires, y hemos podido realizar la publicación de un catálogo que se presentará éste mes de mayo de 2012. Éstas dos ediciones coincidieron con arteBA, y se realizaron eventos pensados para la feria. A pesar de que las dos han sido muy exitosas, pensamos en cambiar el mes del proyecto para que un grupo tan numeroso de artistas transite la ciudad en un mes mas tranquilo para la escena local; por eso realizaremos la tercera edición en noviembre de este año.

Actualmente estamos desarrollando la Residencia MAYO, un segundo formato de residencia de dos semanas para dos artistas. Obviamente sucede en mayo y en coincidencia con arteBA, por ende con un fuerte componente expositivo junto con la idea de que el artista tenga un sitio para la reflexión y la producción. En esta primera edición están participando los artistas Carlos Herrera (Rosario, Argentina) y Jacqueline Lacasa (Montevideo, Uruguay) que trabajan y exponen obras en el espacio de talleres en Boca Ratón en la Boca y ya han realizado una presentación en el auditorio de la Fundación PROA como parte de las actividades públicas de la residencia.

LB - ¿Cómo es el proceso de selección de los artistas?

MB – Cada año surge un grupo de asesores integrado por curadores, artistas, directores e instituciones que ayudan en la selección en relación al proyecto y su concepto. No hay convocatoria abierta en estos dos proyectos, pero sí aceptamos sugerencias y propuestas. El tema es que aún no tenemos la capacidad para recibir artistas en forma constante, pues las residencias son una vez al año y recién hemos lanzado un segundo formato, y sobre todo porque no tenemos sitio propio. Sí lo estamos buscando, tanto al sitio como a la ayuda financiera para sostenerlo, lo cual nos va a permitir recibir a mas artistas del exterior y de las provincias del país y hacer intercambios con otros proyectos.

LB - ¿Qué descripción harías de tu propio trabajo como artista?

MB – Tengo una producción bastante variada en cuanto a materiales y formatos que se organiza por proyectos, que a veces son series y otras son proyectos de exposiciones. Me gusta mucho pensar la obra para un espacio o un proyecto en particular. Mi trabajo parte de un eje conceptual que luego se va desarrollando y desplegando a través del proceso de trabajo, que suele ser bastante complejo y arduo en algunos de sus aspectos, y que está muy determinado por la marcación del tiempo en el proceso mismo de la producción. Considero que el dibujo y la escritura son ejes de casi toda mi obra, aunque no se manifiesten necesariamente en forma directa. Mi trabajo es difícil de catalogar y a veces de observar, y no está inserto en una línea de trabajo tan fácil de definir o en una sola tendencia.

LB - ¿Cuáles son los vectores de tu obra? ¿Qué temas tocás?

MB – Varias de mis producciones parten de temas relacionados a libros, textos o imágenes que a veces encuentro o aparecen. Por un lado están las máquinas y los mecanismos que en algunos casos desarman páginas y lecturas. En esa serie de mecanismos están presentes dimensiones sobre la construcción, el psicoanálisis y el tiempo, y la he realizado en dialogo y con ayuda de mi padre. Pienso mucho en las narrativas y en el cine, y en cómo funciona esa conjunción de música, imagen y palabra. Me parece un formato muy fuerte y son elementos que aparecen en mis obras a veces juntos y otras por separado. A su vez tuve una época en la que trabajé bastante el tema de los pájaros y del paisaje asociados a la idea del vuelo, la fragilidad y otras connotaciones románticas tomando el tema desde diferentes enfoques. Son casi todas obras en vidrio. Aparece también el concepto del tiempo, la observación, la construcción de una imagen y otros temas afines al psicoanálisis y a la mente humana. Otra serie son las fotos bordadas y las composiciones de hilos. Allí se reescribe la imagen para armar una composición nueva que es de algún modo una trama que explora aspectos ocultos de un paisaje o una composición no-visible que repiensa o revisa una construcción dada.

LB - ¿Hay algo relacionado a la retórica en tu trabajo?

MB – En casi todas mis obras hay muchas capas de lectura; hay elementos que se develan, otros que se ocultan y otros que se arman con la obra instalada. Intento cuestionar la mirada y los puntos de vista, porque son temas que me interesan en la mente humana. La observación es para mí un concepto fundamental, es decir, cómo se observa, desde dónde se observa y qué se observa. La observación como proceso selectivo, el lenguaje de la mirada y todo lo que ello implica consciente e inconscientemente.

LB - ¿Cómo organizás tus tiempos entre tu obra y la gestión de URRA?

MB – Tomo como base para todos los trabajos mi profesión como artista, aunque los proyectos de gestión cultural como las residencias no las considero obras sino proyectos, lo mismo con mis textos o mis curadurías. Hay meses donde sí o sí tengo que abocarme a la gestión, y otros tantos a la obra para exhibiciones o por mera inspiración por decirlo de algún modo. A su vez este año comencé a dar clases como profesora visitante en Eseade, lo cual demanda tiempo, pero me sirve mucho para revisar temas y volver al ámbito académico. Cada tanto me convocan para realizar curadurías independientes, textos y asesorías. Aunque es cierto que a veces me falta tiempo, o que hay aspectos que avanzan quizás más lentamente, finalmente todos los ámbitos en los que opero se comunican y enriquecen unos con otros.

 

 

 


 

 

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