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EL CASO STRAND: DE LA FOTOGRAFÍA ARGENTINA Y LAS CONSPIRACIONES DE ESTADO
Patricio Rivera


 
 
 
 
 
 
 
 

No soy escritor ni periodista. Mucho menos investigador. Apenas me animo a hacerles pequeños reportajes a amigos y colegas fotógrafos. Pero la historia que descubrí hace ya casi dos años y que recién ahora puede hacerse pública, me hizo dar cuenta de la intrascendencia de las titulaciones si el fin es desvelar un misterio y recuperar parte de la identidad y la justicia para alguien a quien le fue quitada su posibilidad de pertenecer dignamente a la historia de, como mínimo, la fotografía argentina.

Iván Strand era hijo de alemanes, nacido en La Pampa en 1919, y fue, junto a Federico Kohlmann, Gastón Bourquín, Fernando Delgado, Alberto De Agostini, Ernesto Schlie y Osvaldo Sosa Cordero, uno de los representantes de la documentación fotográfica de la Argentina del SXX.

De lo que recién hoy estima el Departamento de Restauración Fotográfica del Archivo General de la Nación, el cuerpo de obra de Strand consta de seis ediciones de postales de las provincias norteñas, dos volúmenes de fotografías panorámicas, los “Registros Patagónicos” o los dedicados a Santa Fe, las imágenes del Varieté Porteño, el legado presidencial del Dr. Arturo Frondizi, los retratos de artistas del Teatro Colón de la década del 60 e incluso su último gran trabajo: las tomas para Sucesos Argentinos sobre el período dorado de industrialización argentina.

Pero Strand no existe. Curiosamente no figura en ningún listado más allá del Registro Nacional de las Personas y, hasta hace poco, era no más conocido que por mi y el reducido número de enfermeras y médicos que lo asistían. No hay aun datos de su familia. Todo de él ha sido ocultado, robado, desdibujado. Su profesión. Sus registros fotográficos, nuestra historia.

Ni en la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía ni en la Fototeca Benito Panunzi o Bernardo Graff sabían siquiera de su existencia. Todo ello debido a un misterio. A un secreto de estado que fue preciso ocultar para evitar un giro geopolítico a la región. Guerra fría y avance del comunismo en Latinoamérica.

 

 
 
 
 
 
 
 
 

Este peculiar y tan infrecuente descubrimiento, se produjo una muy calurosa noche de febrero de 2009, charlando con mi amigo Axel Alexander, en el patio del estudio que compartimos en la avenida Warnes. Su abuelo, Don Alberto Francisco Enrique Alexander, abrió su estudio de fotografía en lo que hoy sería la 9 de Julio, a la altura de Rivadavia, siendo uno de los más importantes retratistas del sXIX y primera mitad del XX del país. Los Alexander son un linaje de cuatro generaciones de fotógrafos.

Entusiasmados en la charla sobre el trabajo de Don Alberto, de antiguos estudios solares sin flashes ni techos, de emulsiones secretas y de viejos clientes como Canale o Di Tella, Axel se fue corriendo a la oficina y sacó de la planera una veintena de fotos antiguas, de distintas épocas, que me trajo y fue mostrando y reseñando a colación, una tras otra. La anteúltima era una tarjeta de visita: “Visitenkarte - Iván Strand”

-Este era el asistente de mi abuelo, lo contrató cuando se puso grande. Después se pelearon y abrió su propio estudio. El Opa me hacia chistes, me decía que este Strand se fue a Córdoba a hacerle fotos a los platos voladores. Si. Y dicen que incluso tenía una colección de fotos de material de extraterrestres. Muy amigo de Romaniuk, el piloto. Y de Parravicini, el profeta argento. Un tipo raro. Nunca mas se supo de él después del 77. Parece que se lo chuparon los milicos, por loco o por zurdo.

Seguimos con la charla. Pero me quedó grabada la historia. Que buena película. Los fotógrafos siempre queremos contar una historia, a nuestro modo, sea o no verídica.

¿Será verdad? ¿Estará vivo? ¿Y las fotos de las sierras?

Obviamente no había nada en Internet ni en la guía. Así que fui directo a lo efectivo y busqué por el lado de un contacto que trabaja en el Ministerio de Desarrollo Social y tiene acceso a datos de la SIDE. Si tenés amigos en el Estado todo es más fácil.

El mail fue corto:

On Wednesday 10 C. N. wrote:

-Desclasificado no aparece nada. Lo único que me figura es un Juan Strand en el Rawson. No hay mas nada. Y me debés un asado. Salute, Claudio.

Me fui hasta el Hogar de Ancianos “Guillermo Rawson”, predio que albergó a los heridos de la guerra contra el Paraguay y a próceres de la medicina argentina. Hoy, símbolo de estos tiempos y del sistema de salud agotado, alberga personas solas, que en la última etapa de la vida, esperan resignadamente que algo no suceda.

 
 
 
 
 
 
 
 

No fue difícil, ahí estaba. Me encontré con alguien muy deteriorado en su aspecto, pero que compensaría en segundos cuando se pusiera a hablar con lúcida retórica. No sabía qué hacía en el asilo, y tampoco me animé a preguntar. Era una persona muy singular y con bastantes problemas de salud, según me comentó el personal del nosocomio.

¿Será el Strand que busco? Me hice pasar por Axel.

PR: Hola Don Iván. Soy el nieto de Alexander.

IS: Hola… ¿sigue vivo ese viejo de mierda?

PR: No. Me contaron que usted es fotógrafo.

IS: Era.

PR: ¿Ya no sigue sacando fotos?

IS: Yo digo que no porque me tiembla la mano. Pero en realidad no saqué más fotos desde aquel día. No puedo sacar más fotos. A pesar de que están muertos o presos, no puedo. Las barreras se las termina bajando o subiendo uno mismo. Y también pienso que llega un punto en que la mirada se cansa. Y no te importan más las imágenes, sino sus evocaciones. Prefiero quedarme con estas últimas. Estamos llenos de imágenes. Por acá por Barracas no hay mas, y no se como estará Corrientes, pero usted que puede andar libre por la vida y no le prohíben salir de su casa me dirá.

PR: ¿Sacó muchas?

IS: Entre albúminas, gelatino-bromuros, cianotipos, fotografías estereoscópicas, postales, álbumes fotoimpresos, negativos de vidrio y flexibles, unas 100.000.

PR: ¿Donde están?

IS: No están; entraron a casa, y mientras me pegaban un poco en los riñones se llevaron todo mi archivo en cajones de fruta y en unas bolsas de lona verde. Inclusive mis mejores fotos de Córdoba. Documentos nunca vistos. Naves sin alas. Y me dijeron que si volvía a sacar fotos me secuestrarían. Y así lo hicieron aunque les haya hecho caso. Aquí me tienen y usted bien lo sabe.

PR: ¿Naves sin alas?¿No le quedó ninguna?

IS: Joven, sólo para que no insista, le voy a mostrar estas únicas fotos que me quedaron. Son el resto de mi memoria. Fragmentada. Y no se las puedo prestar.

PR: ¿Les puedo sacar fotos?

IS: Si, fotos de las fotos. En vez de mi retrato, retrate mis fotos.

PR: ¿Y qué fue lo que pasó?

IS: Me juré no hablar más del tema. Y quiero decir algo mas, ya que me di cuenta que usted no es el nieto de Alexander, sino un hombre gris de los que me visitan cada tanto. ¿Lo puede poner en su diario?

PR: Claro

IS: Ponga que le digo que es verdad que la vida es sueño, que lo que se ve en una foto sólo es verdad en términos de uno mismo, y que tengan cuidado sus lectores con lo que leen, porque puede estar cambiado, ser apropiado y hasta construido. Ahora me voy a la puta que me parió y a dormir un rato.

Iván Strand murió pocos días después.

 
 
 
 
 
 
 
 

Me siento orgulloso de que gracias a mi iniciativa, la Asociación Argentina de Preservación Histórica, junto con el CONICET, finalmente aceptaran el caso en abril de 2012, formando una comisión especialmente designada, para intentar recuperar el material perdido y devolver la memoria al acervo histórico del patrimonio nacional

Finalmente, mi agradecimiento a Santiago Bengolea y a RED, por el apoyo desinteresado y la posibilidad de publicar este reportaje, junto con el puñado de fotografías que pude documentar en la entrevista.

Con final incierto, mantengo la esperanza de que el caso cobre notoriedad y se instale en la opinión pública, con miras a su dilucidación definitiva.

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Para información detallada sobre el caso Strand, el lector puede visitar la página oficial de la Asociación Argentina de Preservación Histórica: http://aadeph.tumblr.com

 

 
 
 
 

 

 

 

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