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N° 6 mayo | junio 2011
 
 
 
 
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PAPELES DE LA MEMORIA
Ernesto Arellano


 
 
 
 

No sabíamos leer ni escribir, no teníamos más información que nuestros ojos anhelantes, nuestras manos de niños recobraban cada lápiz y cada retazo de papel podía ser una aventura, un encantamiento, la milagrosa verdad, trazos definitivos perdidos para siempre en una canción, en una sonrisa. ¿Cómo fueron esos lazos imaginarios?

Ver otra vez todos juntos esos dibujos, témperas y estampas, que en una excursión al Bellas Artes era el vértigo, griterío infantil entre el asombro y la infinita dulzura, hoy son azar.

 
 
 
 
Pablo Picasso
Femme nue de dos [Mujer desnuda de espalda]
1905?
Acuarela sobre papel
36,7 x 24,7 (visible)
 
 
 
 
 
Pablo Picasso
Tres desnudos parados y estudios de cabezas, o Estudios
1927
Aguafuerte sobre papel
19,4 x 27,8 (plancha)
 
 
 
 
Trazos de Picasso, una de las razones de la existencia y la memoria, donde perdurará la creencia, esa religiosidad imperturbable de los artistas, para distinguir lo mundano de la experiencia, el filo entre la apariencia y la visión trascendente de la vida, capturada en los trazos, en el buril de una punta seca o raudo grafito, distienden ese acuerdo con la realidad y le otorgan las cláusulas de una magia verdadera.
 
Occidente y sus estéticas bastardas retenidas en los papeles de sus genios, el guiño semántico que ni siquiera la causticidad de Ensor parece alterar con sus minuciosas críticas y autocríticas burguesas. ¡Qué directrices de locura, que fragancia siempre renovada por estos arcángeles del placer visual!
 
Como si el dibujar fuera un fin y no el medio, en los croquis de Rodin, o como si Rouault pudiera anticipar un lirismo aun hoy sin descifrar. Tal vez aquí en estas pampas nuestro epicúreo centro sean los factores sin análisis, los versos sin patria, los colores mágicos buscándose entre espejos y armarios. Un legado más parecido a un disimulado naufragio que a un verdadero acervo. Estampas para retener en la conciencia lo permanente. Esos dibujos que nos dibujan, tendiéndonos el lazo civilizante, prendiéndonos de nuevas dudas, nos entregan a un fundamentalismo existencial y nos niegan y dan a la vez nuestro propio origen.
 
Grave paradoja cotidiana arrastrada en el S XX que no deja de irse. Llamas frías en la imposibilidad de refrendar con hipótesis, con pruebas contundentes nuestros humos vanguardistas.
 
 
 
 
 
James Ensor
Les Péchés capitaux dominés par la Mort [Los pecados capitales dominados por la muerte]
1904
Aguafuerte y punta seca sobre papel
23,8 x 29,5 (hoja); 9 x 14,1 (plancha)
 
 
 
 
¿Y si nuestro mirar fuera esa pretendida vanguardia? ¿Si acaso las pupilas sin mácula y sin padre fueran la respuesta superadora y esa ingenuidad que padecemos sea otra cosa?
 
Saben idioma los deseos con la heredad de estos astros de la línea, contritos narradores del mundo con sus hábiles muletillas disonantes, de ellos las singulares muestras de valentía son perfectas sátiras. Y somos ese bagaje, esa carga dibujada por Toulouse-Lautrec, como si nos hubiera imaginado o adivinado en su gigante pequeñez: niñas saltando la soga, en diez líneas en veinte trazos de cinismo.
 
En ese saltar estaban los maestros argentinos, que seguramente posaron sus ojos en estos pliegos históricos para forjar sus propias marcas de tinta. Sin intermediarios, visitamos un desván de la impaciencia, esa inmediatez que dan los colores de asombrosos pasteles en las manos de un León Ernest Drivier. Incluso ignoto a contrapeso de Spilimbergo por ejemplo, que debería figurar en la nómina, pero su ausencia y la de otros, no hace más que remarcar su sesgo, la unción de nuestra zozobra y grandeza como artistas. Dado que las comparaciones son como lágrimas en la lluvia, que trascurren en blanco y negro sobre un anaquel de tintas grabadas con desmesura, poco vale la pena adentrarnos en la lógica del contramolde del arte local, y la consuetudinaria transparencia de tiliguería. Sin embargo, no todo se a dicho de lo tantas veces visto y revisado. O, si todo se dijo es por lo menos en contextos dónde la palabra valía y se pensaba de otra manera, y las imágenes portaban un significado definitivo, y sus coleccionistas eran meros referentes históricos de un arcón de tesoros que aun hoy no termina de desplegarse.
 
 
 
 
 
Auguste Rodin
Mujer desnuda sentada de frente, una pierna recogida (Nu)
ca. 1900
Grafito sobre papel
30 x 20 (detalle)
 
 
 
 
 
Auguste Rodin
Estudio de desnudo
s/f
Acuarela y grafito sobre papel
25 x 32,7
 
 
 
 
Se achican y se agrandan las razones para recuperar estos papeles, el académico y el del marketing tendrán su hora en la trama de lo nacional, y su óntica. Detectarán para el cardumen hambriento el velamen para guiar el barco del discurso fijo en un tiempo que corre siempre hacia delante. Pero para artistas y público desprevenido – ambos en uno tal vez - el viaje será el de la eternidad representada, el del ritual perdido en la vista entornada de un contorno cada vez menos explicable y más rico en resonancias.
 
Sironi, el gran futurista está en la nómina. Captura la simbología evitándonos el trámite, no logramos ser esos europeos, nuestras miradas interpolaron tan de ida y vuelta el sentido, que como los orfebres del renacimiento acudían a las técnicas precolombinas; acude la vanidad como el foque de nuestro presente que navega en nuevos mares cada vez.
 
Por eso miramos el pasado y vemos un futuro. Y estos papeles, algunos como el dibujo de Picasso en lápiz litográfico, o el Daumier, verdaderas piezas de liturgia, permiten aventurar casi la radiografía de nuestro drama contemporáneo.
 
Una carrera incómoda y febril que ya no es necesaria. Si lo fuera no habría demostración posible para entenderla, nuestra opinión de toda la vanguardia europea ya a sido labrada en el siglo pasado, los manierismos de esta década extinta y la que viene, sin prefacio alguno, destacan las excusas que de modo cauto pero potente se montan en el paradigma contrario. Ahora cualquier papel pugna por ser obra, auque no lo logre, y si lo hace estará versado en un tramo autoconciencia. En los papeles del futuro se repasan los versos inacabados de una identidad, tantas veces buscada, tantas veces perdida en los laberintos de nuestra historia artística. Esta muestra, un descanso al costado del camino.
 
 
 
 

Malba

Papeles modernos. De Toulouse-Lautrec a Picasso

Obras de la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes

Curador: Ángel Navarro

FOTOS: GENTILEZA MALBA

 

 

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