El “Arte Nuevo?aquí y allá
En la década de 1890 surge en Europa el movimiento artístico llamado Modernismo o Art Nouveau, aunque éste es el nombre de su expresión francesa y parisina.
Nace de la necesidad de unir conceptual y materialmente estética y progreso tecnológico. Lo que se entendía entonces por estética, vale aclarar. Y de plasmar el movimiento como acción, en una época en que trenes, subterráneos y maquinarias eran novedad.
Se constituye así un fenómeno cultural que resulta el único atisbo de originalidad y creatividad que tuvo el siglo XIX; allí cuando parece decirse Basta de Historicismo y se da lugar a algo novedoso, tanto desde lo meramente decorativo como desde lo matérico y, en algunos casos también, lo estructural, lo espacial.
Estilo artístico pero aplicable a objetos de uso corriente (muebles, vajilla, adornos) y por eso mismo profundamente imbricado con el desarrollo tecnológico y económico que vivía Europa occidental por aquellos tiempos de acelerada industrialización y confecciones seriadas; toda la movida del Modernismo contiene necesidades, pulsiones y marcos conceptuales de aquel contexto histórico.
También representa el conjuro contra la maquinarización y simplificación de lo estético, que aquella gente veía cernirse sobre sus cabezas; por lo cual aparece en escena intentando enmascarar con un aspecto bello y grandilocuente lo funcional y utilitario.
Poniéndonos localistas, pensamos en el Buenos Aires coetáneo al “Arte Nuevo? Y se dan los mismos fenómenos aunque, claro, desde otro lugar. Por lo cual aquí se manifiesta pero sólo como copia y repetición, no como escuela. Por lo demás, encaja perfectamente en el molde estético y de necesidades. Pero encuentra su mayor diferencia justamente en una de las principales características de éste movimiento: las variantes regionales según se manifieste en Barcelona, París, Glasgow, Viena, Milán.
En el caso argentino y porteño, la casi totalidad de estas variantes regionales pueden encontrarse en la misma ciudad, a metros de distancia?
Del Art Nouveau parisino de Guimard, pasando por el Modernisme Catalá de Gaudí o Puig i Cadafalch, hasta el Jugendstil alemán, la Sessezion vienesa o el Floreale italiano, todas las variantes del Arte Nuevo están plasmadas en numerosos edificios de muchos barrios de Buenos Aires.
Hecho cargado de lógica si pensamos en los seis millones y medio de inmigrantes de todas partes de Europa y Oriente Próximo que llegaron al país entre 1860 y 1930, y por ende en las numerosas colectividades que buscaban nuclearse en esta terra incognita, creando sociedades de fomento, clubes sociales y barrios tipo ghetto. Y también, y aún más marcadamente, si pensamos en la coyuntura histórica nacional de entonces: la toma de una postura cultural europeizante sumada al ya global fenómeno de una burguesía que crece, se diversifica, busca marcar las diferencias y, principalmente, consume novedades en pos de prestigio.
Así que Buenos Aires no escapa a la regla de esa época. Su manifestación Modernista está caracterizada, pero, por esta singular anarquía de mezclar expresiones provenientes del Danubio, de Escocia o de Cataluña en una misma cuadra.
Algunas impresiones estéticas: tres ejemplos locales
Como salido de la fusión entre una casa florentina del Quattrocento y la corporización de una ópera de Wagner, se levanta en pleno centro de la ciudad el edificio de la Societá Unione Operai Italiani. O más que levantarse, resiste. Deslucido y mal intervenido por fuera y directamente derruído por dentro, espera con resignación y calma zen un destino incierto: la picota; más depredación solapada o la inevitable caída por su propio peso, fruto de la desidia general, particular y local. (1)
Obra del arquitecto Virginio Colombo, milanés radicado en Argentina, fue reformulado estructural y ornamentalmente sobre un edificio preexistente de fines de siglo XIX. Reinaugurado en 1913, fue costeado por la vasta colectividad italiana en el Buenos Aires de entonces, como centro de ayuda y servicios para los obreros italianos emigrados y afincados entonces en la capital porteña. Hasta funcionó allí una escuela para enseñar el idioma local a los recién llegados.
Ubicado en Sarmiento 1374, al acercarnos a él nos encontramos con un imponente prisma rectangular de tres pisos, de los cuales el primero y el segundo presentan sendas loggias (2) pero distintas entre sí: la del primer piso tiene arquitrabe recto, la del segundo tiene arquería de medio punto. Medallones, dentículos, capiteles corintios y la ornamentación en los vanos de algunas ventanas son directas llamadas al renacimiento florentino y veneciano, mientras que la herrería y la carpintería son de inconfundible corte Modernista. Clara expresión del Floreale italiano, mezcla volumen, simetría y elementos constructivos clásicos con la herrería y la ornamentación sinuosas y “chorreadas?típicas de éste estilo.